Soy testarudo, ¿o poeta?,
ya que desconozco la razón por la que escribo
Izando bandera verde, color abstracción, y
el grafito lamiendo el papel
Mi mente desmonta, y vuela, por la agonía gaseosa;
Y al terminar, los más fatuos versos jamás trazados
cobran vida y mastican cardamomo
Siempre, siempre, con la terquedad de por medio,
Con el desasosiego como meretriz
Y con la incongruencia como redil
Para que cuando vos los leas,
Exclames “poeta, me extravié”.
Desde mi catre observo
Como las fatídicas horas gorjean
En do menor, rara vez alteran, lúgubres,
Y afuera, el amasijo de metal ruge,
Cobijado por un cielo tímido,
Un aire feliz, bulímico.
Y yo no se que será
pero la nausea incrementa,
Dios está en Dunkin Donuts,
y mi cama me ata,
A la dignidad y la galbana,
y conciente del gorjeo del minutero,
aúllo, y esquirlas de viento me punzan,
Mi rostro fuma,
Mis manos vacilan...
El nuevo día rasga su placenta.
Tengo que ir a bañarme...
De vez en cuando, el cielo nos muerde, lo pío nos goza y Dios se emborracha. De vez en cuando, nos disloca el animo, nos cuela el equilibrio y nos levanta las uñas. Yo soy de los que vuela sin mantas, de los que corre agazapado, harapiento y bañado en penurias. Yo soy de los que amarran el amor a un mástil y lo laceran, hasta que el amasijo de pudor y aprecios se torne púrpura y haga que mi aliento claudique.
De vez en cuando, el cielo juega ajedrez con la comprensión y como peón subyugado, yo me extingo ¡Jaque mate a la razón y a la dicha! De vez en cuando el cielo sangra, mientras yo, ebrio, estrangulo a la felicidad y le rezo, y la mato, sin tener tibio el aplomo.
De vez en cuando, trepo el jardín colosal que yace en la medula celestial, y para sorpresa mía, al podar el césped, me hallo escribiendo y siento a Dios riéndose.
Yo quisiera caducar
A causa del vivir,
Y morir con libros,
Con gallinazos de honestidad
Que me carcoman mi centro de límpido.
Yo quisiera caducar,
Con pluma en mano, teñido,
Bajo letras, agazapadas, mojadas con hiel
Y con mi abuela al lado,
Solo mía.
Yo quisiera caducar, ya mismo,
O talvez ahora,
Sin dolor, solo con aflicción,
Morir cantando, talvez gritando,
Cánticos de gloria, ¡vaya falacia!
Gustar,
verbo pragmático,
hedonista, catártico, mi estilo.
Desear,
verbo visceral, acción única,
libídine, que apabulla lo pío, mi estilo.
Voraz,
adjetivo pulposo, tácito,
que finge rezar, con camándula en mano, mi estilo.
Vos,
verbo, adjetivo y sujeto,
revolución gramática, pléyade de locos...
papiro cuneiforme, tu silueta y la mía
entrelazadas, pícaras, esbozadas con pudor
Luego mis ganas transpiran, vacuas.
Vos,
mar, fauna, poesía, música
arte profano, danza retórica,
Yo,
literato alquimista,
gramático de extramuro. Te creé.
No me agradezcas.
Báñame en hemoglobina,
Juro mimarte.
Si la piedra brillase,
Almudena me drogaría,
Y en medio de látigos,
Mi risa lacerada despertaría, hambrienta.
Pero ésta engulle tinieblas,
Mese el púlpito y lima la rabia,
Y yo me elevo, perplejo
Y derrumbo la libido, con estilo.
Boas silentes que rondan,
Escupen y luego se atragantan
Y yo tartamudeo, con mi disfraz,
E ingiero kerosene, ¡poema falaz!
Aves mortíferas, saetas carnales,
Sadismo hecho vida;
Desde la Pampa hasta Laos,
Lloriquean los dioses, macilentos, ¡ebrios!
Piedras, boas y aves,
Todas, bardas, videntes,
Borrachas y bohemias,
Entre papel y polilla, el oasis resurge.
Juan E. Villegas
En medio de risas, whiskey y jovialidad
el odio vestía una gargantilla de insulsos vituperios.
Diatribas camufladas en vidrio,
mientras que el lino se deshechaba, el corazón.
Mis pupilas discernían,
y la virgen del carmen se fumó un porro.
El ocaso punzó los tendones de mi musa,
y ella lloró; yo la ignoré.
El plectro caducó, la noche también.
Me he convertido en un ser descomunal; irreverente ante tanta injusticia y vulgaridad, proveniente de ésta sociedad tan palurda. Saldré a jugar con la nieve, me revolcaré en sueños; incineraré mis llagas; cantaré con amor y desasosiego. Es mi zamba, tu zamba, nuestro canto a la exención; un llamado al romper las cadenas; esas que nos atan al vals del hambre. Te veo tan sublime, que mis aires libertarios fluyen por doquier. Yo, al igual que Rimbaud, siento a la Belleza en mis piernas, pero a diferencia de él, no la insulto, al contrario –le hago el amor- ... ¡derroquemos el libido neoliberalista! Igualdad pulposa tanto para ti, como para mí.
Viajo por mi Europa mental, por mis hedonísticos desiertos Africanos, por las taciturnas cordilleras Andinas de mi alma y finalmente por mis abstractos riachuelos Amazónicos de ajetreo existencial. El proletariado agoniza y los burgueses brindan con agua estancada. Pero heme ahí, cuan furtivo cazador, distribuyendo equitativamente ese capital carniforme y antagónico, causante del vil conflicto que conlleva las masas a herirse entre si. Termina, pues, este manifiesto bolchevique y libídine. ¡Patria o lascivia!
Juan E. Villegas